Haciendo click de una foto a otra, recordando contenta viejos tiempos en el secundario, me crucé con su cara otra vez. La misma cara de entonces, la que tenía allá por el 88, la última vez que la vi.
Sin embargo me resultó otra, mucho mas joven, la cara de una mujer de mi edad, lejos muy lejos de esa señora que había quedado en mi recuerdo. Me causó gracia pensar que ella también, como el patio del colegio, se me revelaba tanto mas chica de lo que en su momentó creí.
Y entonces la entendí menos aún. Y pude odiarla como en su momento no lo hice. Porque cuando somos chicos, por mas malos que nos parezcan algunos adultos, creemos que son ellos probablemente los que tienen razón ( a pesar de discutirles que nada que ver), pensamos que ellos saben, que quieren lo mejor para nosotros, que aman enseñarnos y que eso es lo que se proponen.
Ella no, ella disfrutaba de ser como era. Una mierda de tipa.
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