Archivo para 15 febrero 2010

Anécdota prestada

Siempre pienso que me habría encantado tener este blog cuando recien llegué a Londres, hace casi 10 años ya.  Porque ahora descuento como obvias cosas que me hubieran sorprendido cuando llegué. Seguro sería muy gracioso leer mis pataleadas de entonces.

Me costó un poco acostumbrarme a los modales británicos, a las colas,  la correcta polítcia.  El sentido del humor brit me encantó desde el principio.  Aunque todavía tengo momentos en los que no termino de distinguir cuándo hablan en serio y cuando me están tomando el pelo.

El otro día nos juntamos varias madres del grado de Juanita a tomar café. Mesa enorme. Nueve de la mañana (fundamental la hora: un británico a las nueve de la mañana no se tomó todavía la media docena de pintas que ya digirió a las 9 de la noche.  La formalidad matinal casi victoriana dista muchísimo de la sincera expresividad nocturna) .  Una de las madres le contó  una historia a otra que tenía sentada al lado.  Le pareció tan graciosa que me gritó desde su lugar que por favor escuchara lo que le acababan de contar.  Instigando así a la pobre mujer a contar el asunto no sólo a mí sino a todas las otras madres que viendo que el tema prometía, dejaron de hablar entre sí inmediatamente y se dispusieron a prestar atención.

Parece ser que una amiga suya tiene un hijo con síndrome de down.  Un chico de unos 20 años y pico, al que le encantan  las historias de duendes. Entre las responsabilidades del hijo está ir al supermercado todos los días a hacer los mandados.  Hace poco  lo llamó su madre desde el trabajo para preguntarle que tal le había ido. El hijo repasó la lista en voz alta y confirmó pan, leche, huevos, manteca… “ah! y encontré un duende de verdad!” Su madre no entendió bien a qué se refería pero segura de poder charlarlo cuando volviera a casa, lo despidió y siguió con lo suyo.

Al llegar a casa se dió cuenta de que su hijo tenía la cara arañada y medio sucia, como si hubiera estado en una pelea.  Asustada le preguntó qué le había pasado y el, contento, le explicó “fue el duende!”. Cómo duende? Qué duende? “Está acá, lo traje a casa”  y la llevó al garage dónde lo había guardado.   Ni bien abrió la puerta su madre vió la cara

horrorizada del enano que su hijo habia secuestrado mientras hacía las compras en el super.

No lo podía creer. Una anécdota tan políticamente incorrecta, contada así a las nueve de la mañana, y todas riéndose.  Seguro no me hubiera llamado la atención cuando llegué.   (Por supuesto preguntamos qué pasó después. El enano presentó cargos).


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